Review. Hell is Us
Anunciado en 2022 y rodeado de misterio durante tres años, Hell is Us finalmente llega con la promesa de un mundo sin mapas ni indicadores que nos tomen de la mano, apostando en su lugar por la exploración libre y combates cuerpo a cuerpo con armas pesadas. La historia nos pone en la piel de Rémi, un exsoldado que regresa a su tierra natal, Hadea, devastada por una guerra civil. Lo que empieza como una búsqueda personal para descubrir qué ocurrió con su familia pronto se transforma en un enigma mucho mayor, ligado a la aparición de criaturas llamadas Hollow Walker. Lejos de los relatos lineales, la narrativa se construye a través de interrogatorios, documentos y fragmentos dispersos que nos invitan a reconstruir el rompecabezas de un país devorado por la violencia. El mensaje es claro desde el inicio: si la guerra es lo más parecido al infierno en la Tierra, es porque los peores demonios son los propios seres humanos.
En un panorama donde la mayoría de juegos recargan la pantalla con marcadores y listas interminables de tareas, Rogue Factor toma el camino contrario: no hay mapas interactivos ni brújulas que nos guíen. Estamos solos, obligados a leer el entorno y prestar atención a los NPC para encontrar el rumbo. Esa aparente libertad, sin embargo, no significa estar completamente a la deriva: el diseño de niveles está calculado para que, de una u otra manera, siempre avancemos hacia la dirección correcta. La satisfacción está en sentir que descubrimos un lugar gracias a nuestro propio ingenio, aunque a veces el juego suavice más de lo que aparenta. El sistema de lucha bebe claramente de la fórmula Soulslike: gestión de resistencia, ataques ligeros y pesados, armas con peso real y un ritmo que castiga cualquier error. No obstante, la posibilidad de ajustar la dificultad en cualquier momento y la ausencia de penalizaciones severas al morir lo alejan del estilo implacable de FromSoftware.
Un detalle interesante es la relación entre salud y stamina: cuanto más herido está Rémi, menos energía tiene, lo que lo vuelve más lento y vulnerable. Para sobrevivir, debemos dominar el Healing Pulse, una mecánica que convierte parte del daño infligido en recuperación de vida. Además, contaremos con la ayuda de un dron, KAPI, capaz de distraer o aturdir enemigos, lo que añade una capa táctica a los enfrentamientos. Eso sí, cuando los Hollow Walker aparecen en grupo o están conectados a los enigmáticos Haze, la situación puede tornarse realmente peligrosa. Visualmente, Hell is Us brilla con escenarios detallados y NPC bien caracterizados que ofrecen misiones y conversaciones con peso. La estructura del mapa apuesta por áreas semiabiertas que se desbloquean al avanzar, lo que aporta variedad sin caer en la saturación de un mundo abierto genérico.
El punto más débil está en el bestiario: aunque los Hollow Walker resultan intrigantes al inicio con sus rostros vacíos, pronto se vuelven repetitivos y carecen de identidad visual. Los Haze, por su parte, contrastan demasiado con la atmósfera oscura del juego debido a su diseño colorido y geométrico. Un detalle menor, pero que puede decepcionar a quienes esperan enemigos memorables al nivel de los Clicker de The Last of Us o los clásicos monstruos de Resident Evil.