Review. RAIDOU Remastered: The Mystery of the Soulless Army
Hubo un tiempo en el que Atlus estuvo al borde del abismo. La compañía, conocida hoy por sagas emblemáticas, sobrevivió gracias al inesperado éxito de Shin Megami Tensei III: Nocturne y, poco después, de Persona 3. Este último redefinió el estándar con su estilo visual único, una interfaz accesible y un tono narrativo que conectó con un público más amplio, especialmente en Occidente. En ese contexto de renovación, Raidou Kuzunoha vs. The Soulless Army fue un experimento audaz: mezclaba investigación, demonios y combates en tiempo real en plena era Taisho, una apuesta distinta a todo lo que Atlus había hecho antes.
El jugador se pone en la piel del decimocuarto Raidou Kuzunoha, un joven estudiante que ha heredado el título de invocador de demonios. Su fachada es la de un simple asistente en la agencia de detectives Narumi, pero pronto se ve envuelto en un caso que oculta un peligroso entramado sobrenatural. El juego transcurre en los años veinte, durante una época de modernización en Japón, y esa transición cultural se respira en cada rincón del juego: entre barrios iluminados por faroles, trajes de época y misterios que cruzan lo terrenal con lo oculto. La ambientación es uno de sus puntos más fuertes. El diseño artístico de Kazuma Kaneko brilla como nunca en esta remasterización, libre al fin de los fondos prerenderizados que limitaban la inmersión en el original de PS2. Raidou, con su uniforme negro, ojos penetrantes y capa violeta, no solo impone presencia: también simboliza la lucha entre el deber, la tradición y el caos inminente.
Atlus no se ha limitado a subir la resolución: ha reconstruido aspectos esenciales de la experiencia. El combate aleatorio constante ha quedado atrás. Ahora, los encuentros se activan voluntariamente en portales especiales o en zonas oscuras, permitiendo una exploración mucho más fluida y menos frustrante. También se han añadido mejoras de calidad de vida, como el viaje rápido por tranvía, un registro claro de misiones secundarias y una interfaz más clara y elegante. Otra gran mejora es el sistema de combate. Aunque la primera versión en tiempo real del original ya fue una ruptura con el modelo por turnos tradicional, sus limitaciones eran evidentes. En esta nueva versión, los enfrentamientos son mucho más dinámicos: combinaciones de ataques ligeros y pesados, esquivas tácticas, habilidades elementales y QTE contextuales dan forma a un sistema ágil y espectacular, aunque sin llegar a la complejidad de un Devil May Cry.
Raidou puede cambiar el estilo de su katana espada, lanza o hacha y personalizar sus técnicas con una variedad de armas forjadas y habilidades especiales. Todo se complementa con la clásica invocación de demonios, que pueden capturarse, fusionarse e incluso participar activamente en combate o en la exploración del entorno. Algunos demonios acceden a zonas estrechas, otros leen pensamientos o manipulan emociones, añadiendo capas de estrategia y utilidad más allá del combate. La narrativa, aunque lineal, destaca por su ambientación noir y su elegante puesta en escena. Las misiones secundarias, aunque sencillas, aportan profundidad y ayudan a construir un mundo coherente y vibrante.
Shoji Meguro, el compositor insignia de Atlus, firma una banda sonora soberbia que oscila entre jazz, rock y tintes experimentales. Sus composiciones no solo acompañan, sino que enriquecen cada escena con una atmósfera inconfundible. La fusión de demonios sigue siendo clave, y aunque ya no es necesario que tengan una gran afinidad con el protagonista para fusionarse, desarrollar una buena relación sigue siendo ventajoso. Las despedidas de cada criatura, a menudo acompañadas de materiales raros, añaden una carga emocional inesperada al proceso.