Review. Ninja Gaiden: Ragebound
Durante años, la franquicia Ninja Gaiden parecía haber quedado en el olvido. La saga brilló primero a finales de los años 80 en el NES y más tarde en los 2000 con los títulos del Xbox, pero entró en decadencia en la década de 2010 con un par de entregas mal recibidas que la dejaron prácticamente dormida. Solo sobrevivió gracias a relanzamientos y remasterizaciones… hasta 2025, año en que regresó con fuerza a través de dos juegos completamente nuevos. Personalmente, siempre tuve cariño por los clásicos de Nintendinho y por los dos primeros Ninja Gaiden del Xbox, así que la noticia de un nuevo capítulo que rescatara la esencia de esas dos eras me emocionó mucho. Y lo mejor es que Ragebound no se limita a ser un ejercicio de nostalgia, sino que logra sentirse fresco y actual.
La gran virtud del juego está en su jugabilidad: fácil de entender, pero con la suficiente complejidad como para querer repetir cada nivel hasta dominarlo por completo. Se trata de un side scroller frenético, donde la mayoría de enemigos caen de un solo golpe, aunque hay otros con escudos o mayor resistencia que obligan a usar estrategias distintas. Aquí entra en juego una mecánica clave: al derrotar a enemigos con un brillo azul o rosa, el jugador obtiene un golpe cargado capaz de romper defensas y eliminar a todos a su paso. Kenji, aprendiz de Ryu Hayabusa en el clan Hayabusa, que lucha con espada y obtiene habilidades especiales al derrotar enemigos azules. Kumori, miembro del clan Aranha —antiguo rival de los Hayabusa—, que ataca a distancia con kunais y activa su especial al vencer enemigos rosas. La dinámica entre ambos es intuitiva y muy divertida de dominar, sobre todo cuando se busca completar todos los coleccionables o alcanzar la mejor calificación posible en cada fase.
En lo narrativo, el juego sigue la misma lógica: historia sencilla, pero bien contada. Las escenas recuerdan mucho al estilo de los Ninja Gaiden del NES, con ese aire retro que hoy luce simple pero que en su época era sorprendente. Además, la banda sonora reutiliza motivos clásicos para transformarlos en composiciones modernas llenas de energía. Si algo ha caracterizado a Ninja Gaiden es su reputación de ser difícil, aunque no siempre equilibrado. En Ragebound, sin embargo, la dificultad se siente mejor ajustada: los retos son duros pero justos, y las derrotas casi siempre recaen en errores propios, como apresurarse o no leer bien los patrones enemigos. Cada nivel incluye tres desafíos opcionales (como terminar sin recibir daño, eliminar cierto tipo de enemigo o usar ataques específicos), lo que invita a rejugar constantemente. El diseño de escenarios también sobresale: los coleccionables están bien escondidos sin caer en trucos injustos, y los momentos caóticos siguen siendo claros y legibles.
Los jefes rara vez caen al primer intento, pero una vez entendidos sus patrones, las batallas se convierten en duelos intensos y satisfactorios. Al terminar la campaña, se desbloquea un modo difícil que añade obstáculos y vuelve más agresivos a los jefes, además de ofrecer una fase extra secreta con un final alternativo. No todo es perfecto: algunos ítems y armas adicionales resultan poco inspirados o redundantes, aunque esto es un detalle menor frente a la cantidad de aciertos que el juego ofrece. Después de más de una década sin una entrega a la altura, Ninja Gaiden: Ragebound marca un regreso brillante para la franquicia. Recupera lo mejor de su legado, pero al mismo tiempo se atreve a aportar ideas nuevas que lo sostienen por sí mismo.