Quarantine Zone: The Last Check propone un giro interesante dentro del saturado escenario del apocalipsis zombi: en lugar de controlar a un superviviente, el jugador asume el papel de un oficial encargado de un puesto de control sanitario durante una pandemia incurable. Su misión es examinar a cada civil que llega al checkpoint y decidir si puede ser enviado a zonas seguras, confinado en cuarentena o eliminado antes de que represente una amenaza para la base.

El juego se apoya en un ciclo jugable dividido en tres partes. La primera es la gestión de la base, donde se deben mantener recursos como comida, energía, medicamentos y defensas, además de mejorar instalaciones militares y científicas mediante dinero y puntos de investigación. Estos últimos se obtienen realizando inspecciones eficaces a los supervivientes, lo que convierte cada decisión en un elemento clave para el progreso. La segunda capa del gameplay se centra en la inspección de civiles. Aquí el jugador debe analizar síntomas como temperatura corporal irregular, comportamiento agresivo o signos físicos evidentes de infección.

Cuando los indicios no son concluyentes, es posible enviarlos a cuarentena o tomar decisiones más drásticas. Estas elecciones afectan tanto al estado moral de la base como a la economía, generando una constante tensión entre eficiencia y ética. Durante la noche entra en juego la tercera fase: una defensa tipo tower defense bastante sencilla, donde se utilizan diferentes tipos de munición y una habilidad especial para repeler hordas de infectados que intentan atravesar las barricadas.

Esta parte cumple su función, aunque resulta más básica y menos profunda que las otras mecánicas. La campaña principal funciona como un largo tutorial de unas 25 jornadas, mientras que el modo infinito busca extender la experiencia con una duración prácticamente ilimitada. Sin embargo, este modo sufre de problemas de balanceo, obligando al jugador a seguir una estrategia muy concreta para progresar, lo que reduce la sensación de libertad y termina volviéndose frustrante con el tiempo.
En el apartado técnico, el juego muestra carencias: texturas discretas, algunos fallos visuales y una estabilidad irregular que puede afectar la inmersión. Aun así, logra su objetivo principal: crear una rutina jugable adictiva, pensada para sesiones largas o incluso para ser disfrutada como juego de streaming.