Review. Demon Slayer The Hinokami Chronicles 2
La primera entrega de The Hinokami Chronicles fue una adaptación correcta del anime: combates dinámicos, una presentación vistosa y un reparto sólido de personajes, aunque sin revolucionar el género. Ahora, tras cuatro años de espera, llega su secuela con la promesa de pulir los puntos débiles y añadir mejoras que los fans llevaban tiempo pidiendo.
Desarrollado nuevamente por CyberConnect2 en colaboración con Arc System Works y publicado por SEGA, Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba The Hinokami Chronicles 2 retoma la historia justo donde quedó la primera entrega. El modo historia recorre tres arcos clave del anime: el Distrito del Entretenimiento, la Aldea de los Herreros y el Entrenamiento de los Pilares. Siguiendo la fórmula habitual del estudio, la campaña combina exploración ligera con diálogos, coleccionables y, por supuesto, espectaculares combates contra jefes acompañados de secuencias QTE.
Lo interesante es que ahora no todo gira en torno a Tanjiro: podemos controlar a varios personajes, incluidos los Pilares, lo que aporta frescura a escenas ya conocidas y ofrece diferentes estilos de combate. El modo Versus es el otro gran pilar de la experiencia. Esta vez contamos con un plantel que supera las 40 opciones, incluyendo a todos los Pilares y demonios emblemáticos de las temporadas más recientes del anime. Aunque es cierto que parte de este número se debe a versiones alternativas de los mismos luchadores que bien podrían haberse resuelto con simples trajes, la variedad sigue siendo atractiva.
Además, se suman nuevas mecánicas como los Dual Ultimate Attacks, que permiten desatar técnicas combinadas entre dos personajes, y el sistema Gear, pensado para personalizar el estilo de lucha. Ambos elementos aportan un plus estratégico sin complicar demasiado la accesibilidad de los combates. Si algo queda claro es que el estudio afinó la jugabilidad. Los golpes transmiten mayor contundencia, las animaciones son más fluidas y la cámara acompaña mejor la acción, logrando que cada enfrentamiento ya sea en campaña o en versus resulte vibrante y satisfactorio. La sensación de ritmo y de impacto convierte incluso las partidas rápidas en momentos divertidos.
A pesar de todo lo positivo, la secuela peca de conservadora. La estructura es casi idéntica a la del primer juego, y aunque los ajustes se agradecen, no se percibe un salto real en la fórmula. Para quienes ya exprimieron la entrega anterior, las novedades pueden sentirse escasas. El extenso plantel también deja un sabor agridulce, pues parte del contenido parece “inflado” con personajes que aportan poco más allá de animaciones distintas.