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Review. Reanimal
En el panorama actual de los videojuegos existen propuestas que apuestan por una narrativa casi silenciosa, donde la fuerza de las imágenes, la atmósfera y el diseño son suficientes para provocar emociones profundas. Una de las sagas que mejor representa este enfoque es Little Nightmares, y no resulta extraño que la presentación de Reanimal despertara…
Review. Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties
Yakuza Kiwami 3 & Dark Ties se sitúa cronológicamente después de los acontecimientos de Yakuza 2 y propone uno de los episodios más atípicos dentro de la saga. Lejos del frenesí criminal de Kamurocho, la historia muestra a Kazuma Kiryu retirado en Okinawa, donde dirige el orfanato Morning Glory junto a Haruka. Su nueva vida…
Review. Romeo is a Dead Man
Romeo is a Dead Man es una reinterpretación ultraviolenta y de ciencia ficción del mito de Romeo y Julieta, firmada por Gōichi Suda. La historia mezcla romance trágico, viajes en el tiempo y universos paralelos en un relato tan caótico como deliberadamente excéntrico. El protagonista, Romeo Stargazer, es un joven sheriff de un pequeño pueblo…

Review. Death Stranding 2: On The Beach

Este nuevo capítulo funciona como una secuela clásica más grande y mejor, una evolución consciente de lo que ya se había logrado, muy en la línea de lo que hizo Nintendo con Tears of the Kingdom. No hay un golpe de efecto disruptivo, sino un refinamiento del concepto original: un mundo más vivo, un gameplay más rico y una narrativa que decide mirar hacia adentro, enfocándose en los personajes, especialmente en Sam. Después de reconectar América y evitar el cataclismo del Last Stranding, Sam lleva una vida tranquila junto a Lou, su hija adoptiva, cerca de la frontera con México. Todo cambia cuando Fragile, ahora líder de una nueva organización llamada Drawbridge, lo convence de conectar a México con la Red Quiral por encargo de APAC, una megacorporación automatizada que ha sustituido a las UCA en las comunicaciones y entregas. Pero esta nueva misión no es solo geográfica: el relato se ve sacudido por la misteriosa desaparición de Lou, secuestrada y trasladada a la Playa, lo que sumerge a Sam en una espiral de dolor, aislamiento y alcoholismo.

Este golpe emocional reconfigura el viaje. No es solo una travesía por paisajes devastados, sino una odisea personal hacia la redención. Sam, más determinado que nunca, se embarca en una nueva expedición rumbo a Australia, ahora el núcleo del mundo jugable. Lo hace a bordo de la DHV Magellan, una nave que surca ríos de alquitrán y sirve como base flotante, hogar y refugio. Allí conoce a una nueva tripulación entrañable, con personajes memorables como Rainy, la mujer embarazada cuya gestación quedó congelada por los efectos del Stranding; Tarman, un capitán curtido con cicatrices internas; Tomorrow, la misteriosa joven interpretada por Elle Fanning; y Dollman, una conciencia atrapada en un títere que Sam lleva consigo como consejero y compañero. En lo jugable, Death Stranding 2 mantiene la base del original, pero la lleva varios niveles más allá. El ecosistema australiano es más variado y dinámico: lluvias crono, vientos huracanados, incendios forestales y terremotos de origen quiral convierten cada entrega en una lucha contra la naturaleza misma. Aunque no estamos ante un survival puro, el juego consigue transmitir tensión constante gracias al diseño de escenarios, al uso estratégico de nuevas herramientas —como el lanzador de alquitrán— y a la necesidad de pensar cuidadosamente cada movimiento. No es un juego difícil en términos clásicos, pero sí exigente en planificación y atención.

El enfoque colaborativo vuelve con fuerza gracias al Social Strand System: estructuras compartidas, rutas trazadas por otros jugadores y una sensación constante de estar acompañado, incluso cuando no hay nadie a la vista. Cada entrega completada, cada puente tendido o cada cuerda colocada para cruzar un abismo ofrece una recompensa emocional única. El juego sigue siendo, en esencia, un “simulador de trabajo”, pero uno donde el trabajo importa y deja huella. La acción también cobra un rol más destacado. El combate ha sido refinado: más dinámico, más visceral, con opciones para el sigilo o el enfrentamiento directo. Los enemigos van desde humanos organizados hasta espectros mecánicos de diseño inquietante. Si bien la inteligencia artificial no parece haber dado un salto significativo respecto a la primera entrega, las nuevas herramientas, el arsenal disponible desde el inicio y el enfoque más abierto del diseño de niveles hacen que enfrentarse a grupos numerosos sea más accesible y divertido.

Gráficamente, el juego es un espectáculo. Los paisajes australianos no solo impresionan por su belleza técnica, sino por su poder narrativo. Cada montaña, cada valle, cada tormenta parece contar una historia. La iluminación dinámica y los efectos climáticos elevan el realismo hasta niveles raramente vistos. La música, nuevamente esencial, se integra al gameplay con un reproductor que acompaña los viajes en los tramos más melancólicos o inspiradores. La canción principal, “To The Wilder” de Woodkid, es solo una de muchas joyas que elevan la experiencia sensorial. A nivel narrativo, On The Beach decide apostar menos por la construcción de mundo y más por la introspección. El impacto conceptual del primer juego ya no es novedad, y el guion se apoya más en la evolución emocional de los personajes. Aunque los temas tratados —como el colonialismo, el cambio climático, la proliferación de armas, las IA descontroladas y la trata de personas— son ambiciosos, no siempre se desarrollan con la contundencia que merecen. El relato central tiene altibajos: entre un prólogo brillante y un epílogo impactante, hay tramos intermedios algo dispersos, donde las emociones no siempre terminan de calar hondo.

Pese a ello, el juego logra mantenerse cohesivo. Las relaciones entre los personajes, especialmente entre Sam y su nueva tripulación, están cargadas de humanidad. Y aunque el tono general es menos filosófico y más concreto, los momentos de gran cine siguen ahí, emergiendo cuando menos lo esperas. Incluso viejos conocidos, como Higgs, vuelven para cerrar ciclos, reabrir heridas y tensar aún más la historia. Al final, Death Stranding 2: On The Beach no pretende reinventar la rueda, ni falta que le hace. En lugar de eso, afina cada engranaje con meticulosa precisión, y lo que entrega es una experiencia más rica, más accesible y más centrada en el jugador. Puede que no provoque debates como lo hizo su predecesor, pero emociona, impacta y deja huella. Y eso, en estos tiempos, ya es mucho decir.

9.0
Description
Death Stranding 2: On The Beach es una secuela que no busca romper esquemas, sino perfeccionarlos. Es menos disruptiva, pero más emocional. Menos misteriosa, pero más cercana. Kojima cambia la sorpresa por la madurez, y en el proceso entrega un juego que, sin perder su identidad única, se abre a más jugadores sin traicionar a quienes lo acompañaron desde el inicio. Tal vez no sea polémico, tal vez no sea radical. Pero sí es profundo, evocador y, en última instancia, necesario. Porque en un mundo cada vez más dividido, volver a hablar de conexión no es solo pertinente: es urgente.
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