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Review. Once Upon a KATAMARI


Once Upon A Katamari llega como un soplo de locura colorida y melancólica al mismo tiempo, un juego que no pretende reinventar la rueda, pero sí sabe poner en el centro lo que hizo único al franquicia: la alegría pura y casi instintiva de rodar, acumular y ver cómo el mundo se transforma alrededor de tu Katamari. Desarrollado por RENGAME y publicado por Bandai Namco, este nuevo capítulo de la saga, que comenzó hace más de veinte años en la gloriosa PS2 con Katamari Damacy, marca el primer lanzamiento principal después de catorce años, dejando de lado spin-offs y remakes intermedios. La sensación es la de un regreso con respeto y entusiasmo, que mantiene intacta la esencia del original mientras introduce sutilezas modernas que enriquecen la experiencia.

La historia retoma el esquema clásico: el Rey del Cosmos comete un error con una pergamino y el Príncipe debe reconstruir las estrellas rodando su Katamari. Esta vez los niveles atraviesan épocas diversas, desde el Jurásico y la era glacial hasta el Japón histórico, transformando cada escenario en una sorpresa temática. El diseño alterna momentos de puro caos y diversión con secciones que requieren cierta planificación; ya no basta con avanzar sin pensar, sino que nuevos objetos y potenciadores obligan a tomar decisiones tácticas. Entre ellos destaca el poderoso imán, capaz de atraer objetos cercanos, generar combos rápidos y cambiar el ritmo de la rotación según lo requiera la misión, un ejemplo perfecto de cómo el juego añade complejidad sin sacrificar la intuición original.

La física del Katamari sigue siendo uno de sus pilares: cuando es pequeño se siente juguetón, pero a medida que crece exige un cálculo más preciso en la gestión del espacio, la trayectoria y el tiempo para evitar obstáculos. La variedad se completa con un generoso elenco de personajes: se puede jugar como el Príncipe o elegir entre los 68 primos disponibles, especialmente para personalizar la estética y disfrutar de las pequeñas recompensas de coleccionista que ofrece el juego. La posibilidad de crear y modificar al propio primo convierte la personalización en parte integral de la gratificación, mientras que la progresión premia la curiosidad, incentivando la exploración y la experimentación con distintos objetos y disfraces.

Técnicamente, el juego mantiene el estilo gráfico distintivo de la serie: paletas vivas, formas simples y detalles extravagantes que dan ligereza y sorpresa a cada nivel. Cada época histórica cuenta con objetos y colores que refuerzan el tema y animan al jugador a adaptar su estrategia. La banda sonora combina nuevas piezas con clásicos del franquicia, acompañando el ritmo de la rotación tanto en momentos relajados como en los más frenéticos; la música se convierte así en uno de los elementos más memorables, reforzando la sensación de fiesta que hace que Katamari funcione como idea de juego.

La estructura de misiones alterna niveles de la campaña principal con desafíos secundarios que funcionan como pequeños puzzles espaciales a contrarreloj. La narrativa principal es accesible y relativamente lineal, mientras que la verdadera rejugabilidad surge de los desafíos, objetivos y del modo multijugador. KatamariBall destaca en este sentido: trasladar la filosofía de acumulación a un formato competitivo de hasta cuatro jugadores resulta sorprendentemente entretenido, con el control de la bola, la lectura del terreno y el timing como factores determinantes para la victoria, ya sea en partidas rápidas entre amigos o en competencias online más prolongadas, mostrando la faceta social y estratégica del juego.

No está exento de defectos: algunas misiones pueden sentirse repetitivas tras varias horas, y cuando el Katamari alcanza gran tamaño, la precisión en los movimientos finos se resiente, penalizando a quienes buscan control milimétrico. Aun así, el juego se renueva gracias a elementos como el imán, la variedad de escenarios y el multijugador, que compensan ampliamente estas limitaciones. La duración se adapta a distintos estilos: quienes quieran completar la historia encontrarán un número de horas razonable, mientras que los que busquen coleccionables, desafíos o puntuaciones altas tendrán suficiente contenido adicional para prolongar la experiencia.

8.0
Description
En definitiva, Once Upon A KATAMARI logra revivir la magia del franquicia sin perder su esencia: ese placer casi primitivo de rodar, acumular y transformar el mundo a tu alrededor. Con niveles llenos de sorpresas temáticas, mecánicas que mezclan diversión y estrategia, y un apartado visual y sonoro que mantiene la personalidad única de la serie, el juego se siente fresco y familiar al mismo tiempo. La inclusión de nuevos power-ups, la personalización de los cugini y la modalidad multijugador añaden profundidad y rejugabilidad, manteniendo al jugador constantemente motivado. A pesar de algunas misiones repetitivas o leves imprecisiones en el control de la Katamari gigante, el título se sostiene gracias a su creatividad, humor y capacidad para ofrecer momentos de puro goce. Once Upon A KATAMARI no solo celebra la nostalgia de los fans, sino que demuestra que la sencillez y el encanto siguen siendo la clave de un entretenimiento atemporal.

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