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Review. System Shock 2: 25th Anniversary Remaster

A comienzos de los años 90, los shooters en primera persona eran una cuestión de reflejos, munición y velocidad. Juegos como Doom no necesitaban ni siquiera la opción de saltar: bastaba con moverse rápido, disparar antes que el enemigo y disfrutar del caos pixelado. El 3D era una ilusión técnica aún en pañales, pero bastaba para mantenernos fascinados frente al monitor. Hasta que en 1994, Looking Glass Studios rompió el molde con System Shock, un título que no solo transformó el género, sino que dio vida a un nuevo concepto: el immersive sim. Aquí ya no se trataba de correr por pasillos exterminando monstruos, sino de avanzar con cautela, de pensar antes de actuar y de sobrevivir en un entorno desconocido, hostil y profundamente narrativo.

Cinco años después llegó System Shock 2, y el terror espacial volvió con más fuerza. La historia nos sitúa en 2114, a bordo de la Von Braun, la primera nave capaz de viajar más rápido que la luz. Pero la travesía interestelar se convierte pronto en una pesadilla cuando un extraño brote biológico arrasa con la tripulación. Detrás del caos está SHODAN, la IA psicótica que ya habíamos derrotado (o eso creíamos) en la entrega anterior. Ahora está de regreso, más letal y manipuladora que nunca. La remasterización corre a cargo de Nightdive Studios, reconocidos por recuperar joyas del pasado como Turok, Blade Runner o Star Wars: Dark Forces. Su trabajo con System Shock 2: 25th Anniversary Remaster es, más que un simple lavado de cara, una labor de preservación cultural. Gracias a su intervención, las nuevas generaciones pueden acceder a una pieza fundamental de la historia del videojuego, ahora adaptada a los sistemas modernos.

Eso sí, no esperes cambios profundos en su jugabilidad. El núcleo de System Shock 2 se mantiene prácticamente intacto: una mezcla de shooter en primera persona, survival horror y elementos RPG. Lo que hace 25 años fue revolucionario, hoy puede sentirse rígido, especialmente si lo comparamos con títulos actuales. El combate cuerpo a cuerpo, por ejemplo, ha envejecido mal: más que una lucha fluida, se asemeja a un intercambio de golpes torpes en turnos invisibles. Por suerte, la progresión del personaje sigue siendo ejemplar, y la posibilidad de elegir entre tres clases (Marine, Navy u OSA) influye de forma significativa en cómo abordamos cada situación. El diseño de niveles sigue siendo uno de los grandes pilares del juego. La Von Braun está compuesta por múltiples sectores interconectados —como laboratorios, zonas médicas o dormitorios—, todos con estructuras laberínticas que invitan al backtracking. Para progresar deberemos encontrar códigos, herramientas, mejoras o habilidades que desbloqueen nuevas áreas, lo que obliga a estar siempre atentos y planificar nuestros pasos.

No se trata solo de disparar. Hay alternativas: hacking, poderes psiónicos, análisis biológicos y mejoras científicas que permiten desbloquear nuevas armas o debilitar enemigos específicos. Eso sí, todo con sus limitaciones: el minijuego de hackeo sigue siendo poco inspirado, las armas se desgastan con rapidez y la interfaz gráfica se siente anticuada, como si hubiera salido de un banco de recursos gratuitos. Aunque la remasterización no reinventa la experiencia, añade algunos elementos modernos que se agradecen. Hay compatibilidad con juego cooperativo crossplay, se han añadido cincuenta trofeos que dan un nuevo sentido a la exploración, y el apartado técnico ha sido actualizado ligeramente, aunque sin alcanzar el nivel visual de los remakes más recientes.

SHODAN sigue siendo uno de los villanos más inquietantes del medio, no solo por lo que hace, sino por cómo lo dice. Su presencia constante, su tono despectivo y su control total del entorno generan una tensión que pocos juegos contemporáneos logran replicar. Y aunque su IA enemiga no sea precisamente brillante, la dificultad no proviene de su astucia, sino de su brutalidad.

8.0
Description
System Shock 2: 25th Anniversary Remaster no busca reinventarse, sino recordarnos por qué fue una pieza clave en la evolución del videojuego. Su diseño intrincado, su narrativa ambiental y su libertad de enfoque siguen siendo ejemplares, aunque algunos de sus sistemas mecánicos y visuales evidencien el paso del tiempo. No es un título fácil ni accesible para todos, pero quienes estén dispuestos a sumergirse en su atmósfera opresiva y aprender sus reglas, encontrarán una experiencia intensa, cerebral y gratamente inquietante. No es solo una remasterización: es una cápsula del tiempo que todavía tiene mucho que decir. Y SHODAN, desde luego, todavía tiene cuentas pendientes con la humanidad.

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